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Tránsito y transporte público

Escrito por: Carlos R. Salcedo C

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) somos el país de Latinoamérica con mayor número de siniestralidades, causadas por accidentes de tránsito.

Un parque vehicular y un transporte público desorganizado. Una ley de tránsito que no se cumple y que las autoridades no aplican. Las consecuencias son muertes, lesiones permanentes y otros daños personales y a la propiedad.

Todo lo que envuelve tanto el transporte público colectivo como el buen desenvolvimiento de las vías públicas es de gran relevancia social. Un sistema ineficiente, con falta de organización, sin una cultura de respeto a la ley y a los agentes policiales, afecta directamente la productividad de nuestro país.

Muestra lo desarrollada o eficiente que es una ciudad para movilizar sus habitantes y deja mucho que decir del compromiso de las autoridades con sus ciudadanos.

El tráfico y el transporte público de una ciudad demuestran la educación y calidad de vida de sus habitantes. Por lo que la administración debe ejecutar políticas de ordenamiento, reordenamiento, planificación, regulación y supervisión de lo correspondiente al tráfico y el transporte de nuestro país.

Somos un país en donde todos tenemos preferencia. Es normal vivir de un carril a otro sin importar como se haga. Las señalizaciones viales no sirven de nada y tenemos un precario sistema de semáforos y cámaras.

Todos los que transitamos diariamente tenemos una alta cuota de responsabilidad.

La implementación de la Ley 241, de tránsito terrestre, no es suficiente. Es el primer paso y debe hacerse de manera que todas las instituciones que intervienen en el tráfico trabajen para su ejecución en conjunto: los órganos reguladores del tránsito, los que expiden los permisos de tránsito y placas como los organismos coercitivos y los supervisores y planificadores.

Deben removerse los vehículos mal estacionados, abrir más zonas de estacionamientos privados, optimizar y fomentar el uso del transporte público. Pero debe existir confianza ciudadana en el sistema, siendo necesario un examen de resultados a los actuales operadores del transporte público. Instrumentos hay muchos.

Un fideicomiso para el tráfico terrestre que maneje y cree planes urbanísticos, viales y de transporte podría ser la solución a un caos llamado tránsito. Pero sin determinación política para solucionar el desorden existente no será posible.