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“Desarrollo e institucionalidad”

Desarrollo e institucionalidad”

La aporofobia o el rechazo a los pobres

Carlos Salcedo

El análisis del desprecio por los pobres es propio de la psicología y la psiquiatría. Para muchos científicos clínicos y sociales la aporofobia no es un desorden mental o un trastorno de ansiedad por miedo a la gente, animales, cosas o circunstancias sin amenazas reales; sino un fenómeno social que margina a las personas más vulnerables,

El aporofóbico no es quien ha interiorizado este miedo. Es el destinatario del rechazo, el que vive con muy baja calidad de vida. Por eso es una conducta fácil de aprender, pues no tiene consecuencias negativas directas e inmediatas sobre quien reproduce esa actitud (Torres).

Las causas son diversas: ideológicas, incomodidad y falta de trato con pobres. Parte de la derecha política defiende la meritocracia: ser pobre es una actitud personal. Pero, nadie elige ser pobre, ni el lugar de nacimiento, ni los genes.

También la aporofobia es causada por la incomodidad de tener pobres cerca y no hacer nada para mejorar su situación. Sin embargo, todos los vecinos ricos pueden contribuir con la reducción y eliminación de la pobreza.

Igualmente, el odio por los pobres se origina en la falta de contacto con los pobres. Todo esto ocasiona prejuicios, estereotipos y criminalización de los pobres por parte de muchos políticos (racismo), entes privados y de medios de comunicación. Basta echar una mirada a las cárceles (“de la miseria”, Loïc Wacquant).

Como la pobreza cunde, el rechazo social por esta se contagia fácilmente. El asistencialimo gubernamental (sin dejar de reconocer el valor de las auténticas políticas sociales) y privado no necesariamente implica una defensa los intereses de los pobres, sino que muchas veces forma parte de una estrategia de percepción pública y de satisfacción personal o empresarial.

 

El reto es romper con  el círculo vicioso de aceptar la pobreza como algo normal, predestinado, obligatorio y que forma parte de la esencia de todas las sociedades y que, por lo tanto, no se puede eliminar.

La lucha contra la pobreza es la determinación individual y colectiva por disminuirla, porque no es una condición natural, ni razón para temores, más bien motivo de vergüenza. Tanta desigualdad, frente a tantas riquezas, es oprobioso

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